domingo, 4 de diciembre de 2011

Peñarol está entre los cuatro y enfrentará a Vél






Enorme. Así es Peñarol. Por eso se metió entre los cuatro mejores de América. Y no lo hizo por la ventana, más allá que perdió 2-1 en Santiago. Lo hizo por la puerta, con una demostración total de por qué es grande, uno de los más grandes del continente. Después de 24 años, los aurinegros jugarán a partir de la semana que viene las semifinales de la Copa Santander Libertadores.

Nunca se desesperó. Jugó con la tranquilidad de los dos goles de ventaja conseguida en Montevideo. Y no sufrió. Porque más allá de que la lógica imperó y la hinchada local trató de llevar hacia delante a su equipo, los "cruzados" en la cancha no respondieron al llamado. Estuvieron cerca del objetivo, o al menos del primero de ellos que era empatar la llave, pero se toparon con un inmenso Peñarol.

Los aurinegros tuvieron un buen comienzo. Con dinámica, y sobre todo precisión, contó con chances de anotar ese gol del que tanto se habló. Lo tuvo primero Corujo, sorprendiendo con una diagonal en el área para rematar de primera un buen centro de Aguiar; luego Olivera, de cabeza, tras el también buen centro, desde el mismo sector izquierdo pero de Mier. En las dos ocasiones, ambas cuando corría el tercer minuto de juego, el arquero Garcés solucionó los problemas que tuvo su defensa.

Con tranquilidad, jugando con el desespero ajeno, Peñarol se plantó firme y generó sensación de estar cerca del gol. Martinuccio no lo hizo porque no mide cinco centímetros más y a los 13` Mier sí lo hizo, a los trancazos en el área. Sin embargo, el segundo línea, Santiago, levantó la bandera e indicó que el volante se llevó la pelota hacia el arco con la mano.

Todo marchó bien para Peñarol hasta que Pratto, el mismo que en los primeros 12 minutos probó dos veces desde adentro y afuera del área, a los 18` recibió en la medialuna, aguantó la pelota y la abrió para la llegada de Meneses. Con la defensa mal parada en ese instante, el volante definió cruzado, puso el 1-0 para la Católica y reavivó a la tribuna. El gol aplacó los nervios locales. Católica dejó de confundir velocidad con apuro -que lo llevó a Costas a rematar al arco desde 35 metros a los 38 segundos de juego- y manejó con más paciencia la pelota, aunque con escasa profundidad.

Porque la Católica nunca asfixió a Peñarol. Tuvo más tiempo la pelota, es cierto, pero lateralizó su juego, tocó corto y las "puñaladas" que intentó meter el veterano y cerebral Mirosevic murieron en los pies de Guillermo Rodríguez o Valdez.

Peñarol siguió jugando tranquilo. Y Martinuccio se piropeó con el gol dos veces más. La primera apenas recibido el gol, con una llegada por la derecha del área y la segunda vez a los 45`, con un potente remate desde la medialuna del área que fue desviado al córner.
La Católica, fiel a su estilo, no tiró siquiera un pelotazo. Sin salirse del libreto, llegó al segundo gol a los 68` cuando el recién ingresado, Gutiérrez, recibió la pelota en el borde del área y sacó un fuerte remate que empató la serie. "Que se levanten los cruzados", pidió la hinchada y el estadio vibró. Pero el equipo no.

Y el ansiado gol de Peñarol, del que tanto se habló, llegó. Se lo sacaron en la línea a Mier; el travesaño atajó un terrible pelotazo de Aguiar; pero nadie pudo frenar la llegada de Estoyanoff por el segundo palo, cuando faltaban seis minutos, para definir de primera un gran centro de Aguiar y poner el 2-1. Definitivo.

Peñarol sacó a relucir esa chapa que le dieron con el paso de los años y de los títulos, esa que dice que es un gigante de América.

Los dirigentes de Peñarol asumieron que están en procura de una contratación para reforzar el plantel en las semifinales y sustituir a Jonathan Urretaviscaya. No hubo pistas. Pero tiene que jugar en Montevideo.

Ahora el carbonero jugara con Vélez en una semifinal de copa que promete.












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