sábado, 9 de julio de 2011

Suerte, Casualidad o Sincronicidad

El otro día leía un artículo de Richard Wiseman ¿Por qué hay personas que parecen tener toda la buena suerte? con el que me sentí identificado en algunos puntos. El artículo argumenta que en gran medida lo que muchas veces se llama la suerte en el fondo es el producto de haber generado circunstancias que faciltan la suerte.



¿Por qué hay personas que tienen toda la buena suerte mientras que a otras nunca les llega lo que se merecen? Wiseman se puso a analizar la suerte, 10 años atrás. ¿Por qué hay personas que siempre están en el lugar y en el momento correctos, mientras que otras padecen la mala suerte en forma sistemática? Wiseman publicó avisos en periódicos nacionales para que las personas que se sintieran sistemáticamente afortunadas o desafortunadas se pusieran en contacto con el.
Cientos de mujeres y hombres extraordinarios se presentaron como voluntarios para la investigación y durante varios años Wiseman los entrevistó. Hizo un seguimiento de sus vidas e hizo que fueran parte de diferentes experimentos. Los resultados revelan que a pesar de que estas personas casi no tienen idea de cuáles son las causas de su suerte, sus pensamientos y comportamientos son responsables de gran parte de su buena o mala suerte. Tomemos el caso de posibles oportunidades. Las personas afortunadas se enfrentan a tales oportunidades en forma sistemática, mientras que las desafortunadas no.



Wiseman llevó a cabo un experimento sencillo para descubrir si esto se debía a diferencias en su capacidad para descubrir tales oportunidades. Entregó un periódico a personas con buena y con mala suerte, y a cada una de ellas les pidió que lo miraran y que le dijeran cuántas fotografías aparecían en el mismo. Sin advertirles, entre las hojas del periódico, puso un mensaje grande que decía ?diga al experimentador que leyó este mensaje y ganará USD 50?.
El mensaje ocupaba media página y estaba escrito en una tipografía de más de cinco centímetros de alto. Estaba a la vista de todos, pero las personas con mala suerte tenían la tendencia a pasarlo por alto mientras que aquellas con buena suerte sí lo veían.
Las personas con mala suerte también suelen estar más tensas que las afortunadas, y esta ansiedad obstruye su capacidad para identificar lo inesperado.



Consecuentemente, se pierden oportunidades porque están muy concentrados en buscar otra cosa. Van a fiestas con la intención de encontrar la pareja perfecta, y se pierden oportunidades de hacer buenos amigos. Ojean los diarios con la determinación de encontrar ciertos tipos de clasificados de empleos y se pierden otros tipos de empleos.
Las personas afortunadas son más relajadas y abiertas, y por ese motivo ven lo que está disponible y no sólo lo que están buscando. En última instancia, la investigación reveló que las personas afortunadas generan buena suerte a través de cuatro principios.
1) Son habilidosas para crear e identificar oportunidades fortuitas, 2) toman decisiones afortunadas siguiendo su intuición, 3) generan profecías auto-cumplidas a través de expectativas positivas, y 4) adoptan una actitud más elástica que transforma la mala suerte en buena fortuna.



Hacia el final del trabajo Wiseman se preguntaba si estos principios se podrían utilizar para generar buena suerte. Le pidió a un grupo de voluntarios que pasara un mes haciendo ejercicios diseñados para ayudarlos a pensar y comportarse como personas afortunadas. ¡Los resultados fueron espectaculares! Estos ejercicios los ayudaron a identificar oportunidades fortuitas, seguir su intuición, esperar ser afortunados y ser más fuertes ante la mala suerte. Un mes después, los voluntarios volvieron y contaron lo que les había pasado. Los resultados fueron espectaculares: el 80 por ciento de las personas era entonces más feliz, estaba más satisfecha con su vida y, quizá, lo más importante, eran personas con buena suerte.



Las personas con buena suerte fueron aún más afortunadas y aquellas con mala suerte se convirtieron en afortunadas. Por último, descubrí el escurridizo ?factor suerte?.

* 1) Escuche a su intuición ? suele estar en lo correcto.
* 2) Esté abierto a nuevas experiencias y a romper su rutina habitual.
* 3) Pase algunos momentos de cada día recordando las cosas que le salieron bien.
* 4) Véase como una persona afortunada antes de tener una reunión o hacer una llamada importante.


Sincronicidad:

?Sin salir por la puerta
se puede conocer el mundo.
Sin mirar por la ventana
se puede conocer el camino del cielo.
Cuanto más lejos se va,
tanto menos se aprende.
Por eso el sabio
sabe sin desplazarse.
Entiende sin ver.
Realiza sin hacer.?
(Lao Tsé)



¿Has experimentado alguna vez el placer de encontrar a la persona exacta que necesitabas aparecida de la nada?,¿o recibiste la llamada de alguien del pasado de la que apenas unas horas antes te habías acordado sin motivo aparente?, ¿o ese libro que encontraste al azar que responde a la duda que te tenía bloqueado?.
Eso no es casualidad es sincronicidad...

La sincronicidad nos representa en el plano físico la idea o solución que mora en la mente de la manera más fácil y sin apenas esfuerzo. Se trata de vivir el mayor tiempo posible en ese ?fluir? que hace que la vida parezca una aventura permanente, un viaje de descubrimiento constante sobre uno mismo, sobre los demás y el universo.
Decir sincronicidad es lo mismo que decir magia.


Sincronicidad es un término originariamente acuñado por Jung que se refiere a la unión de los acontecimientos interiores y exteriores de un modo que no se puede explicar pero que tiene sentido para el observador, es decir, ese tipo de eventos en nuestra vida que solemos achacar a la casualidad, a la suerte, o a la magia.


Representación esquemática del concepto de sincronicidad de Carl Gustav Jung.



La simbología y el sentido de estos acontecimientos nos da el mensaje exacto que el universo representa para nosotros igual que si fuera una sesión de cine particular. Las ideas poseen una vibración, a otros niveles tienen forma y color que hace que atraigan lo análogo. Al atraer lo que se le asemeja podemos leer en la materia lo que realmente pensamos sobre nosotros mismos y del universo, y tomar decisiones sobre lo que deseamos ver convertido en realidad y lo que no.

Pero entonces diríais ¿y porque no vivimos permanentemente en ese estado idílico en el que todo se resuelve, en el que la información fluye, en el que si fuera verdad seríamos como pequeños dioses creando lo que se nos antojara?.

Pues siempre depende de que en la mente haya mensajes positivos, y emociones bondadosas en el corazón, normalmente experimentamos desde la idea preconcebida y decidimos luego que sentir por ella, emitimos un juicio antes de que la realidad se presente y hace que no veamos lo que es sino lo que queremos ver, y la magia se desvanece bajo el peso de la razón sin sentimiento por el miedo a lo desconocido. El miedo y la duda corta el flujo instantáneamente
(Beatriz F. del Castillo)



Una caso de sincronicidad:
"Un ejemplo clásico de sincronicidad apunta a un suceso acontecido en la vida del actor Anthony Hopkins. Cuando éste fuera contratado para actuar en la película La mujer de Petrovka, no consiguió encontrar en ninguna librería londinense la novela de George Feifer en la que se basaba el guión. Frustrado y aburrido, se dispuso a tomar el Metro para regresar a su casa. Estaba sentado en la estación de Leicester Square cuando, de pronto, halló el libro en un banco. Se quedó tan asombrado de su buena suerte que ni siquiera reparó en las anotaciones que el volumen tenía en los márgenes. Dos años más tarde su sorpresa fue aún mayor. Al conocer al autor durante el rodaje del filme, éste le dijo que había perdido su ejemplar anotado. Dicho ejemplar era el mismo libro que Hopkins había encontrado en la estación olvidado sobre un banco."

fuente:http://mundosoniricos.foroslatin.com

Tenga un día de suerte y trabaje para que así sea.
Interesante, no?

fuente:http://www.alecoxenford.com/2009/03/el-factor-suerte


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Sergio
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